
Hace unos días fui con mi amigo a un mercado bien raro, es como todos los comunes y corrientes, hay paladas de basura a la entrada de un garaje mosqueado y perros con ojos saltones que se escurren entre las piernas para orinarse en las esquinas recién bautizadas con cloro de "cinco pesos". Sí, a primera vista es tan ordinario como cualquier otro espacio comercial de corte popular, pero explorando en sus entrañas encontrarás varias sorpresas, como me sucedió a mí (mi amigo así lo prometió y eso despertó aún más mi morbo).
En un pasillo logré divisar montículos de hongos y vegetales con formas extrañas, mientras la gente te gritaba desde lo lejos "Qué te llevas wero (supongo que lo decían por mi amigo), qué andas buscando?" Al fondo, encontramos tiernos fetos de puercos y esqueletos de los que alguna vez brincabn como cabras bebés, mientras el resto del lugar estaba extrañamente adornado con aves colgadas de las patas y algunas cosas más raras.
Ya había oído de ese mercado o eso creo, fue cuando estaba haciendo mis prácticas en una revista pedorrona (unos weyes según fueron ahí para buscar una víbora de cascabel), entonces eso como que le quitaba suspenso al mercado, pero mi capacidad de asombro dijo !Wow! cuando avancé por el pasillo.
Más adelante,o bueno, en el extremo del lugar, llegamos al pasillo de pezcadería, donde gigantezcos seres de mar se escurrían entre el hielo pegajoso y vitrinas de color amarillento. Recorrí asombrado cada metro, siguiendo de cerca la mirada perdida de aquellas criaturas, hasta que por fin me encontré con los ojos cristalinos de un tiburón enano o un pescado muy similar (yo no se mucho de peces y además no estudié eso, una disculpa, ok?). Era una cosa asombrosa, parecía que seguía con vida y me sorprendí tanto que estaría dispuesto a comprarlo para escribir una historia sobre la mar mientras las moscas oportunistas le fueran tragando y cagando su cuerpecillo gris.